| En el mundo corporativo se reconoce a la creatividad como el valor diferenciador por excelencia. En realidad el problema es que no se sabe cómo activarla, ni de qué está hecha. En el mejor de los casos, los líderes más lúcidos son capaces de encontrar, reconocer y contratar a una persona creativa. Sin embargo, no cuentan con herramientas para percibir y utilizar el enorme potencial creativo oculto en la mayor parte de su gente.
Afortunadamente, hoy sabemos notablemente más acerca de la ingeniería de los procesos mentales, y de cómo desarrollar funciones que antes considerábamos genialidad innata de unos pocos, o educación privilegiada de otros.
Y no se trata de agregar nuevos contenidos a nuestra ya atiborrada mente. Para eso alcanza con el estudio y la capacitación.
Para funcionar creativamente se necesita un nuevo modo de procesar las ideas, un cambio en la estructura del pensamiento.
 |